Los Mapuches y su conexión lunar


En estos días de conexión y presencia en territorios australes de Argentina y más precisamente a las tierras cercanas de los oriundos mapuches, es interesante realizar un acercamiento y seguimiento de la temática planteada la vez anterior, no solamente relacionado a lo femenino sino también mencionar algunas conexiones a nivel astrológico. En esa cultura la conexión con el cosmos está presente y en particular la importancia de la relación de lo femenino con lo lunar. La luna como representante de esa energía femenina considerada como determinante en diferentes etapas y ciclos de lo femenino.

En su “mapa” cosmogónico se hallan menciones relacionadas a los ciclos lunares, calendario lunar de trece lunas, a saber:

“Mari küla Küyen trece lunas (meses) es kiñe tripantu, un año, y küla pataka kayu mari meli antü trescientos sesenta y cuatro días.

El inicio del ciclo anual comienza con las lluvias, de la luna de los brotes fríos pukem, invierno, que purifican la tierra para la renovación de la naturaleza y para el inicio de los nuevos sueños y sembrados. Es el We Tripantu, We: nuevo, tripan: salir, antü: Sol. Es decir, "Nueva salida del Sol". En el hemisferio sur es el solsticio de invierno, coincidiendo con el 22 (epu ka epu= meli, pigeken) o el 24 de junio del calendario occidental.

Las cuatro demarcaciones que resultan de los brazos de la cruz son los puntos o direcciones cardinales y determinan en el área del círculo lo que los mapuches llaman Meli Huitran Mapu (tierra de los cuatro lugares), o Meli Esquina Mapu (tierra de las cuatro esquinas), o Meli Changquiñ Mapu (tierra de las cuatro ramas).

El signo repetido cuatro veces entre los brazos de la cruz representa al sol en los cuatro tiempos del año o estaciones y en las cuatro fases de un día: sol del amanecer, sol del mediodía, sol del crepúsculo y sol oscuro bajo la tierra. A cada esquina del mundo o punto cardinal se le asigna un elemento: aire al Norte, agua al Oeste, fuego al Oriente y tierra al Sur.

Los remates curvos de los extremos de la cruz son las fases principales de la luna. Trazando las bisectrices de los ángulos rectos, el círculo queda dividido en cuatro sectores circulares, dentro de los cuales el doble trazado de la cruz determina siete espacios. Esos siete espacios corresponden a los siete días de la semana.

Cuatro sectores circulares iguales determinan un mes lunar de veintiocho días. El año lunar resulta multiplicando esos veintiocho días por trece, múltiplo que se obtiene por la adición de los doce extremos de la cruz lunada, más el círculo central. De este modo se obtienen 364 días, a los que hay que agregar la unidad del punto central para obtener los 365 días del año solar.” (texto extraído del blog Red de Estrellas)

Para la cultura mapuche la influencia lunar es clave también en lo relacionado a rituales e iniciaciones fundamentalmente en las etapas de la mujer. Como mencioné la vez pasada, la mujer es considerada muy valiosa como puente y conectora con la Naturaleza y la Creación. Ese mapa utilizado como guía de ruta en su diario vivir.

Según la cosmogonía mapuche, el Sol, habita en una millamka (palacio de oro) desde la cual envía a su mujer, la Luna (küyen) a la tierra para compartir su fuego. A la luna se la representa con el metal Plata y es el metal que más se utiliza en los ceremoniales mapuches hacia la mujer. A las niñas se las viste con alhajas de plata denotando de ese modo su conexión con lo lunar. También quiero destacar la importancia de la machi, quien dominaba la magia superior y la encargada de liderar los principales rituales. En síntesis, simplemente destacar cuánta conexión hay en esa cultura con la magia de la Naturaleza y el Cosmos. Ese “mapa” llamado Kultrun representa aún más cuestiones que serán develadas en alguna oportunidad.

Seguiremos profundizando en esta temática apasionante e interesante que implica el Ser Mujer. Nos encontramos en el próximo tramo del camino.


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