La energía de Aries en los Trabajos de Hércules


En esta ocasión quiero hacer un acercamiento al mundo mitológico a través del recorrido de uno de los doce trabajos de Hércules. Me interesa principalmente que quienes jamás hayan tenido contacto con algún texto de mitología conozcan y “desmitifiquen” esa creencia de que se trata de fábulas ajenas a tu realidad. Como he mencionado en varias oportunidades, esos relatos que aparentan ser de ficción en su esencia contienen información muy actual y parece que por ese motivo siguen tan vigentes como el primer momento.

Esos trabajos son casualmente doce, habiendo relación con cada uno de los signos zodiacales. Desde el enfoque esotérico se le brinda una interpretación de lo que simboliza cada trabajo y su conexión astrológica. Me interesa primero compartir un extracto alusivo al tema:

"Hércules, por la voluntad de Júpiter, estaba sujeto al poder de Euristeo, y obligado a obedecerlo en toda exigencia. Él consultó el oráculo de Apolo y se le dijo que debía estar subordinado por doce años a la voluntad de Euristeo, de acuerdo con las órdenes de Júpiter y que, después que él hubiera realizado los más célebres trabajos, debería ser llevado con los dioses".

“Por lo tanto, se puso en camino y, como el discípulo bajo la dirección de su alma, emprendió los doce trabajos, ejecutando cada uno de ellos en uno de los signos del zodíaco. El, por lo tanto, representa a cada discípulo que busca caminar por el Sendero y demostrar su control sobre las fuerzas de su naturaleza, y asimismo representa el punto en el cual se encuentra ahora la humanidad. Su nombre primitivo era Alcides, que fue cambiado por Hércules después que hubo sufrido una extraña experiencia, y antes que emprendiera sus trabajos. El nombre Hércules era originariamente Heracles, que significa "la gloria de Hera". Hera representa a Psique o el alma, por lo tanto, su nombre sintetizaba su misión, que era manifestar en trabajo activo en el plano físico la gloria y el poder de su innata divinidad.” Alice Bailey, Los Trabajos de Hércules.

Esos trabajos a modo general figuran lo que implica el proceso de transformación interna en el camino de Evolución Consciente. Implica dominar a la bestia y sostenerse en el propósito que cada quien se ubique. En las diferentes historias esa bestia aparece representada de un modo particular, dependiendo las circunstancias.

A continuación describiré el relato que se asocia al signo de Aries, el primer signo del zodíaco:

La captura de las Yeguas Devoradoras de Hombres

El Primer gran Portal estaba abierto de par en par. Una voz llegó a través de ese portal: "Hércules, hijo mío, sal. Pasa por el Portal y entra en el Camino. Realiza tu trabajo y vuelve a mí, relatando el hecho". Con gritos de triunfo Hércules se lanzó, corriendo entre los pilares del Portal con arrogante confianza y seguridad de poder. Y así el trabajo empezó y el primer gran acto de servicio había comenzado. La historia que ellos cuentan lleva consigo enseñanza para los hijos de los hombres, que son los hijos de Dios. El hijo de Marte, Diómedes, de ardiente fama, gobernaba en la tierra más allá del Portal, y allí criaba los caballos y las yeguas de la guerra, en los pantanos de su tierra. Salvajes eran estos caballos y feroces las yeguas, y todos los hombres temblaban al oírlos pues asolaban por todas partes la tierra, produciendo gran daño, matando a todos los hijos de los hombres que cruzaban su camino y engendrando constantemente caballos más salvajes y malignos. "Captura estas yeguas y detén estos actos malvados", fue la orden que llegó a los oídos de Hércules. "Ve, libera esta tierra lejana y a los que viven en ella".

"Abderis", gritó Hércules, "adelántate y ayúdame en esta tarea", llamando al amigo a quien amaba profundamente y quien seguía siempre sus pasos mientras iba de un lugar a otro. Y Abderis se adelantó y tomó su lugar al lado de su amigo y con él enfrentó la tarea. Trazando todos los planes con cuidado, los dos siguieron los caballos mientras recorrían las praderas y los pantanos de esa tierra. Finalmente arrinconó a estas yeguas salvajes dentro de un campo en donde no había más lugar para moverse, y allí las atrapó y las maniató. Luego dio un grito de alegría por el triunfo logrado. Tan grande fue su deleite en la proeza así puesta de manifiesto que consideró por debajo de su dignidad agarrar las yeguas o conducirlas por el camino hacia Diómedes. Llamó a su amigo, diciendo: "Abderis, ven acá y conduce estos caballos a través del portal". Y entonces volvió la espalda y orgullosamente marchó hacia adelante. Pero Abderis era débil y temía a la tarea. No pudo retener las yeguas, o ponerles los arneses o conducirlas a través del Portal tras las huellas de su amigo. Se volvieron contra él; le desgarraron y le pisotearon en el suelo; le mataron y escaparon a las más salvajes tierras de Diómedes. Más prudente, desconsolado, humilde y desanimado, Hércules volvió a su tarea. Buscó de nuevo a las yeguas de lugar en lugar, dejando a su amigo agonizando sobre la tierra. Nuevamente atrapó los caballos y los condujo él mismo a través del Portal. Pero Abderis yacía muerto. El Maestro lo examinó con cuidado y envió los caballos al lugar de reposo, para ser allí domados y reducidos a su faena. La gente de esa tierra, liberada del temor, dio la bienvenida a quien les había liberado, aclamando a Hércules como salvador de la tierra. Pero Abderis yacía muerto. El Maestro se volvió hacía Hércules y dijo: "El primer trabajo está terminado; la tarea está hecha, pero mal hecha. Aprende la verdadera lección de esta tarea y luego pasa a otro servicio para tu prójimo. Sal a la región custodiada por el segundo Portal y encuentra y haz entrar al toro sagrado al Lugar Sagrado".

El signo de Aries representa el impulso inicial, esa chispa que mueve el engranaje y contribuye con su energía. Si bien gobierna la mente, porque en definitiva todo se gesta allí en el mundo de los pensamientos, cabe considerar que en general no hay consciencia de ese poder y en ese relato la aparición de esos caballos salvajes dan muestra de esos pensamientos automáticos y muchas veces voraces. Nuestra mente como generadora de fatalidades, mundo mental que predica profecías auto-cumplidas. Y ese impulso inicial con el que nos enfrentamos ante cualquier comienzo, desde levantarse a la mañana, comenzar a trabajar, un proyecto, etc. y que simplemente permitimos que el mismo envión nos lleve, cual hoja la viento. Esas decisiones teñidas por creencias de cierta omnipotencia de “todo lo puedo”, de no cuestionamiento y de “ya lo sé”. En el relato, Hércules “ya sabía” que lo había logrado, y no cuestionó su conducta ni desconfió, avanzó cual carnero, y como decimos en Argentina, “se la creyó”. Eso le costó la vida de su amado amigo. Si lo traspolas a tu vida cotidiana cuántas decisiones que tomas sin cuestionar el “desde dónde” lo haces te están costando tu vida y no eres consciente.

En cuanto te descuidas, la bestia interior hace de las suyas y muchas veces no te das cuenta hasta que es demasiado tarde. El trabajo Hércules lo cumplió pero dice el relato, lo hizo mal. ¿Qué tal si en vez de permitir que las bestias te devoren aprendes a domarlas? Conecta con la energía de Aries y aprovecha a iniciar lo que deseas concretar en tu vida, estate atent@ porque la bestia aparece cuando menos lo esperas….

Ojalá hayas disfrutado de estas líneas, nos encontramos la próxima semana. Que el logos sea tu guía. ¡Hasta pronto!


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