El origen de las relaciones humanas


Es innegable aceptar que uno de los aspectos de las personas en sus “logros en la vida” es lograr que haya en su vida relaciones especiales. Ya sean amistades como también en lo que respecta a relaciones amorosas como base de lo que la mayoría ansía que es formar su propio clan y trascender. ¿De dónde surge la necesidad de relacionarse? ¿¿Por qué tanta energía invertida en vivir relaciones amorosas?

Más allá de que hay una industria que fomenta esa fantasía, a través de la multiplicidad de películas románticas, novelas y demás prototipos masivos que orientan en ese sentido, por algún motivo se incentiva en esa dirección, ¿no es cierto? ¿Por qué existe ese imán tendencioso que cautiva y hechiza en cierta forma a la mayoría de las personas?

Si hacemos un viaje en el tiempo nos toparemos con diversos mitos relacionados con el hombre y el origen de su vida social. Uno de ellos es el mito del Andrógino. .

Se dice que allá lejos y hace tiempo, en los albores de la evolución de la humanidad, no había distinción de sexos, era todo en uno.

Cuando se los separó, se los hizo hombre y mujer y el recuerdo de haber sido uno hizo que se quisieran volver a unirse desesperadamente. De ahí también deriva la frase: la media naranja.

Por su parte, en el relato del Génesis, Dios crea a partir del barro, según su propia imagen, al ser masculino-femenino, insuflándole el espíritu a través del soplo divino. Ese ser creado, nacido, es hermafrodita, sin cognición y todavía unido a lo divino. Ese ser vive en el Paraíso, en un mundo etéreo. Permanecer en ese jardín presupone obedecer ciertas leyes, como por ejemplo, no comer del árbol de conocimiento. Por lo indicado en el relato bíblico, dios vuelve a crear al hombre y en esta ocasión le quita una costilla y crea a Eva, su compañera dejando dicho de ese modo que existe la polaridad y por ende, la dualidad, la complementariedad.

En el relato de Adán y Eva, el hecho de que a Adán le hayan quitado una costilla para crear a Eva es una alegoría de esa dependencia, o remanente de dos en uno. También cómo ese simbolismo repercute en ese actuar sumiso de muchas mujeres que pareciera sentirse en deuda con el hombre. Sino no permitir