De la disarmonía ajena a la armonía propia


En esta vida de múltiples sucesos, los vaivenes cotidianos en definitiva tienen un ritmo que pareciera intentaran responder a algún tipo de lógica. El deseo de encontrar equilibrio en lo que se te presenta es el tesoro más preciado y ansiado. Lo desequilibrante irrita, inquieta, molesta, fastidia, es una arista que arruina el paisaje. Haces todo lo posible por lograr la “armonía” tan ansiada aunque implique esconder la suciedad bajo la alfombra. Y cuando hablamos de suciedad no necesariamente implica algo dramático o exagerado, puede tratarse de un “simple callar”, un pequeño miedo o una sensación amarga que se oculta. Como todos esos pequeños detalles, se minimizan, caes en la trampa de descartarlos cuando justamente es cuando más atención hay que darles. Son las semillas de lo que luego crecerá… así funciona el Universo, semillas que se plantan y crecen, todo evoluciona de esa forma, los problemas y lo no dicho también.

Cuando hablamos disarmonía estamos hablando de esos ruidos a los que hay que atender ante todo inicio, ante toda cuestión nueva en tu vida. ¿Por qué?. Porque ante todo lienzo nuevo en donde tengas la oportunidad de escribir lo que deseas en tu vida, siempre aparecerá la mancha de tinta dejando su “sello”. Si logras encontrar ese sello, esa mancha presente en cada nuevo proyecto, decisión u obra que hayas emprendido en tu vida, descubrirás en qué momento se instaló la disarmonía en tu vida y no lo detectaste. Y esa disarmonía como esa mancha que todo lo tiñe y deforma, estará presente en tu vida en tanto y en cuanto le des cabida. Serán inseguridades surgidas de aquello que te dieron a entender que no eras capaz de lograr o ser y simplemente actuará como muralla que te separará de lo que deseas en tu vida. Dicen que el ser humano es un ser que se adapta fácilmente, también incluye a sus limitaciones y sus frustraciones.

“En un país en guerra había un rey que cuando hacía prisioneros en las batallas, los llevaba a una sala donde había un grupo de arqueros a un lado y una inmensa puerta de hierro con grabados de calaveras cubiertas de sangre al otro.

El rey hacía formar a los prisioneros en círculo en la sala y les decía:

—Ustedes pueden elegir entre morir atravesados por las flechas de mis arqueros o pasar por esta puerta misteriosa.

Todos elegían morir. Tiempo después, al terminar la guerra, un soldado que había servido fielmente al rey durante muchos años, se dirigió al soberano y le dijo:

—Señor, ¿puedo hacerle una pregunta?

—Dime, soldado —repuso el soberano.

—¿Qué había detrás de la horrorosa puerta?

—Ve y mira tú mismo —le respondió de inmediato el rey.

El soldado empezó a abrir temerosamente la puerta y, a medida que se abría, fueron entrando unos brillantes rayos de sol que iluminaron la sala. Finalmente, descubrió que la puerta se abría sobre un camino que conducía a la libertad. El soldado, admirado, solo miró a su rey mientras éste le explicaba:

—Yo les daba a todos la posibilidad de elegir, pero ellos preferían morir antes que arriesgarse a abrir esa puerta.”

Animate a abrir esa puerta en donde se encuentran tus disarmonías, poniéndoles voz y reconociéndolas, de ese modo encontrarás el camino que te llevará a habitar la armonía propia, la que solamente es posible generar limpiando los ruidos ajenos que “creíste” que eran tuyos.

Ojalá hayas disfrutado de estas líneas, nos encontramos la próxima semana. ¡Hasta pronto!


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