Forjando nuestro poder interior


Luego de toda crisis o proceso es posible que se nos planteen diferentes escenarios, ¿de qué depende cuál sea?. De si comprendimos lo que realmente implicaba esa crisis o si fue un “acting”.

Cuando me refiero a “acting” me estoy refiriendo a que en realidad ese momento incómodo que derivó en crisis lo sorteamos a lo sagitariano, minimizando lo acontecido y creyendo que “ya fue”. Uno de los mecanismos de defensa que actuamos es el de negación y para eso todos muchas veces tenemos maestría.

El hecho de minimizar, de negar un dolor, una situación incómoda, esconde soberbia, creerse por encima de y pretender mirar la situación desde arriba. Eso lo que a su vez oculta es una profunda inseguridad y miedo a reconocer nuestras limitaciones. Obviamente que esa actitud no resuelve algo, y además nos estanca y frena en toda posibilidad de aprendizaje.

Otro escenario posible luego de vivida una crisis es ir al otro extremo de lo dicho anteriormente, creer que fue lo peor que nos sucedió en la vida, que eso que vivimos fue porque fuimos incapaces, ineptos porque nos desviamos del camino “correcto” y ahora hay que descartar ciertas aspiraciones o deseos que nos movieron anteriormente. Detrás hay culpa y arrepentimiento. Tampoco sirve esa actitud.

El tercer escenario es el que realmente implica una comprensión sana de lo vivido en esa crisis que atravesamos y es el hecho de realmente haber podido detectar qué nos llevó a esa situación. ¿Qué fuerzas internas se detonaron y nos llevaron a esa tensión interna?. ¿Qué contra fuerzas se produjeron internamente representadas por creencias en conflicto?. ¿Qué versión de lo que “correspondía que hiciera” versus lo que realmente quería” fueron al choque?. Y lo más importante, ¿de qué forma integraré ambas componentes en pos de lo que yo deseo en mi vida?.